Por Alberto Ramírez Ostoloza
En circunstancias tan convulsionadas para la industria minera nacional, deseo expresar mi perspectiva sobre el tema, con la advertencia de que la abordaré con la pasión necesaria, como me lo habría aconsejado mi padre.
Me resulta ineludible, que esta pasión por la minería no esté desligada de la estirpe familiar, empezando por mi padre Alberto Ramírez Sauri, ingeniero de minas de la UNI y expresidente de la Sociedad Nacional de Minería, Energía y Petróleo. Teniendo tan significativo referente, mi hermano y yo nos convertimos en ingenieros de minas por Montana Tech, Butte MT, USA.
Cuando aún estudiábamos la carrera, los hermanos Ramírez Ostolaza bifurcamos en nuestras especialidades, mi hermano Enrique optó por la ingeniería en rocas, mientras yo lo hice por la minería de aluvión, debido a un viaje hacia Madre de Dios que organizó mi padre. Ya en esa época David Ballón ya hablaba de la existencia de oro y ya estaban haciéndose denuncios mineros. Luego de graduarnos, mi hermano empezó en Centromin Perú hasta desarrollarse como actual COO de Southern Peaks (Mina Condestable).
Por mi parte, regresé a Madre de Dios para trabajar en dos empresas, una fue South American Placers y la otra, una empresa americana TRP, donde unos consultores brasileños me captaron para seguir trabajando en aluviones en Brasil. Posteriormente tuve la oportunidad de trabajar en Yuba (meca de la industria de aluviones) en el estado de California.
Después de 12 años fuera de mi país accedí trabajar, por mi experiencia en aluviones, en la empresa Constructora & Agregados Teichtert Inc., constituida en 1887. Acumulado ya 17 años lejos de mi país, surgió un cambio determinante en mi vida que me hizo regresar al Perú.
Ya en suelo peruano, le comentaba a mi hermano como me desolaba la situación de Madre de Dios, tan abandonada y destrozada por la contaminación. Qué lástima, que tanto el Estado como las empresas mineras peruanas no operaron como lo hizo Colombia desde los 40 en el Bagre, Antioquia. Justamente en ese momento interrogaba ¿Kike vas a la Sociedad de Minería como lo hacía Papá? No chino, me respondió, la Sociedad no es como cuando papá asistía, ahora todo está en mano de los grandes, y no es lo mismo.
Las palabras de mi hermano fueron tan realistas como fulminantes. Para mi Papá ir a la Sociedad, era una forma de sacar al Perú adelante, porque esta institución estaba conformada por un grupo de ingenieros (minas, metalúrgicos, geólogos), mayormente de la UNI que todos los jueves se reunían para compartir sobre los problemas y posibilidades del Perú minero.
Fui testigo, como departían con generosidad sus experiencias en la explotación de sus yacimientos, como se actualizaban en las nuevas herramientas tecnológicas, así como también elaborar estrategias frente al ejecutivo y legislativo para desarrollar la minería nacional. Ellos vivieron épocas complicadas, a la desidia estatal, tuvieron que enfrentar a la dictadura militar del septenio y al terrorismo, sin embargo, actuaron como próceres, y es qué en el Perú, también hay héroes con picos y alforjas, y sobre todo un tenaz mensaje de que el Perú es un país eminentemente minero.
Mis recuerdos fluyen y me transportan al niño que escuchaba a grandes señores en todo el sentido de la palabra, como se hablaba de minería con pasión y conocimiento. En mi memoria rescato a Ernesto Baertl, Jesús Arias, Jorge y Alberto Benavides, David Ballón, Carlos Montori y Andrés Bravo Bresani. El nuestro, era un hogar minero, donde incluso participaba mi madre como esposa de minero, era miembro de WAAIME que ayudaba a los estudiantes de ingeniería minera a obtener becas para proseguir con los estudios.
“Todo lo que hagamos, hagámoslo con pasión”, no fue la única frase que nos dejó a la familia, hubo otra más trascendente para el futuro del Perú, sobre todo en momentos de encono e incertidumbre, “MINERÍA EN EL PERÚ ES PARA HACER PATRIA, NUNCA LO OLVIDEN”, decía mi padre.
Las cifras, las estadísticas, los especialistas nos hablan de una verdad cada vez más evidente, el Perú es un país minero, pero debemos ir más allá de los fríos números. Decía, el gran político inglés, Benjamín Disraeli, “el hombre es verdaderamente grande, solo cuando obra a impulso de las pasiones”.
Solo puedo decir, finalmente, como colofón de estas líneas, que mi pasión es la minería y expreso a través de ella mi amor a la patria.